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17.8.11

Gracias Don José



Compañeros del exercito de los Andes;

... La guera se la tenemos de hacer del modo que podamos: sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demas no importa nada...

...Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver al pais enteramente libre, o morir con ellas como hombres de corage.

San Martin.

Es copia.

1.8.11

El Tito

Ricardo Gutman
Creo que conocí lo que tenía que conocer. Ni mucho más ni mucho menos. No por indiferencia, creo que fue por su propia voluntad. Si el no me lo dijo por algo fue. No fue un santo y lejos estuvo de serlo. Creo que nosotros conocimos un Tito de tantas personas que fue en la vida y nos quedamos con ese viejo loco cascarrabias, whiskero y compinche. El Tito fue muchas cosas pero creo que conocimos al mejor, al que estaba de vuelta.
No escribo para el Tito porque sería hasta desleal escribirle en estos días. Incluso creo que él me lo hubiera recriminado. Escribo para el Gino, para Joselo, para el Tano, para Darío, para el Puchi, para Julio, para el Ivo, Martín, Ariel, para el flaco Carrere, para el Elvio y para todos los que me dijeron que estaría bueno que escriba sobre el Tito. Es raro pero se me hace difícil definir al Tito. Sé que otros lo han conocido mejor que yo pero me toca a mí escribir sobre él.
Si se me apura me atrevo a decir que el Tito se había vuelto como un oráculo. Era como uno de esos tíos adorables que se te emborrachan en navidad y mientras la familia le saca el cuero vos agradecés que esté presente y hasta te tomás unos vinos con él mientras te canta la posta. Parecía más viejo de lo que era, vivir intensamente te pasa factura en el cuerpo. Si no hubiese sido así yo hubiese creído que era como Dorian Grey, con algún retrato guardado en un sótano. Pero no había retratos. A lo sumo él fue su propio retrato. Y se la bancó.
Es sabido que el tiempo tiende a agrandar las cosas pero daba la sensación de que en el cabía todo. Y cuando digo todo es todo. Había para elegir y nosotros elegíamos. Tan joven y tan viejo. A nosotros, que nos llevaba autopistas de ventaja, nos prestaba la misma atención que a cualquier amigo de hace veinte años. O por lo menos eso parecía. El tipo te escuchaba y te aconsejaba si se lo pedías. Tenía consenso unánime para eso, un reconocimiento tácito.
Si el Tito hubiese sido escritor hubiese sido Bukowski. No sé si alguna vez escribió algo pero la materia prima la tenía. De seguro que yo lo hubiera leído. Yo y otros tantos. Alguna vez le dije que quería entrevistarlo para hacerle un cuento aunque lo mejor era una novela. “Ojete!!” fue la respuesta. Sé que hoy se me pasó la oportunidad y también sé que no pudiera haberla escrito. Sé que me hubiera quedado corto. Capaz que algo me quede en el tintero. Al menos para intentarlo.
El Tito decidió que ya era hora. Nosotros nos quedamos con la sensación de que no. Quien sabe que razones habrá encontrado que nosotros no hayamos visto. Seguro que son más fuertes de las que nos podemos imaginar. Es una decisión, no sé, no soy yo el que debe hacer un juicio de valor sobre eso. Lo comparta o no. Quizás nos quiso decir algo y no pudimos entenderlo. O quizás estaba todo dicho.    
Hoy hace un frío insoportable, de esos que no te olvidás. Nieva en todos lados menos acá. Es de esos días donde no dan ganas de moverse. Capaz que mañana viaje a Buenos Aires, capaz que no. No sé lo que haré más tarde. Quizás me tome un whisky en su memoria y cuando me arda la garganta entienda un poco.  
   

16.6.11

Funes el memorioso

Existen en todos lados, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada barrio de cada metropoli. Hombres encargados de llevar consigo los registros que la mayoría ignora. Quien sabe que designio los va transformando en hombres importantes, seguro que un poco queriendo y otro poco sin querer el héroe va aceptando su misión en el mundo, cumplen esa función que casi nadie quiere asumir y que sólo está reservada a unos pocos. Esos son los hombres importantes. Y abundan, silenciosos en su humildad. Pero hoy uno de ellos se ha ido. Ha muerto Funes el memorioso, nuestro Funes.
Hay personas que no habría que dejarlas morir. Don Usen Arta es una de ellas. Ha muerto la memoria de San Cristóbal. Se nos fue un grande, un hombre querido y reconocido por todos, un hombre imposible de ignorar. Y como creo conocer un poco el paño, o por lo menos me lo permito así, ahora me pregunto que será de nosotros. Sólo espero que alguien haya tenido el buen tino de registrar todo lo que había en la cabeza de don Usen, el hombre que tuvo todos los homenajes en vida, que le dio su vida a este lugar tan sufrido, que llevaba la historia grabada en el cuero, porque solo se puede saber lo que el sabía si viviste las cosas, si las palpaste, si estuviste adentro del cuento, siendo protagonista, animándote a serlo.
Don Usen se fue y todo San Cristóbal lo llora. Se lo va a extrañar mucho, demasiado. Gracias igual, muchísimas gracias

Deudas con Borges

Ricardo Gutman

I
En retrospectiva, lo digo sin miramientos, fui un estúpido. Todavía recuerdo aquellos tiempos y me inunda la vergüenza. Lo peor de todo es que yo creía que era original, que la respuesta era una respuesta copada ante la asunción pública de mi ignorancia. Hasta ese entonces, estoy hablando de mi tierna edad de diecinueve años, yo no había leído Borges. Un poco por vago, un poco por miedo, un poco por desconocimiento personal –en ese entonces confiaba mucho menos en mí- había llegado a los 19 años, a la carrera de Letras, sin haber leído Borges. En realidad había llegado a la carrera de Letras sin haber leído lo que había leído la mayoría. Y no era que no había leído. Ocurre que mi biblioteca personal era demasiado outsider del canon académico. Era buena –sigue siendo buena- pero totalmente outsider. Y yo nunca había leído a Borges.
Recuerdo enumerar autores -actividad literaria ególatra si las hay, totalmente autocomplaciente- que nadie conocía. Yo al menos conocía los que los otros habían leído, al menos de nombre y figura, de pasada si se quiere. Pero ellos nada. Es decir, esos autores no les decían nada y por lo tanto no decían nada de mí. En resumen, yo no les decía nada.
Yo respondía que el postre era para el final, frase estúpida si las hay, que a la vez que reconocía no haber leído a Borges de cierta manera complacía al resto, que pensaba que había llegado al final de algo. Creo que por eso no me molieron a trompadas. Lo cierto es que era una frase estúpida, demasiado estúpida, muy de esos años, que a su vez conserva una secreta admiración al genio. A Borges, sin nombres adelante. Él será su apellido para la eternidad. Y si por esas casualidades compartís el apellido lamento decirte que te cagó para el resto del viaje, vas a tener que hacer algo mucho más grande para que la gente no tenga que decir tu nombre antes del apellido.

4.4.11

Josecito y Fuente del Alba

Ricardo Gutman

Todavía me acuerdo de ese día, un día de mierda. Estábamos en casa, con mi vieja, mirando TN, el canal de las malas noticias, mirando como mataban a Carlos Fuentealba. Yo no podía creer que estuviese pasando semejante atrocidad, mi vieja se quebraba en un llanto partido y nos abrazábamos en el dolor. Nunca conocí a Carlos Fuentealba pero era como mi vieja, ¿se entiende?. Docente como ella, militante gremial como mi mamá, un laburante, un luchador. Hijos de puta, murmuró mi vieja, por lo bajo, abrazada a mí. Ese día nos mataron feo.
CTERA decretó el paro nacional y todo el mundo estuvo allí. Todo el mundo menos yo, que como siempre miro esas cosas por tele, esa maldita costumbre de no poder estar donde tenés que estar y sufrir por no estar. Estaban todos porque nos habían matado a todos. NUNCA MÁS rezaban los guardapolvos al frente de la marcha. Hijos de puta. Ignorantes. Malditos. Porque son muchos, por eso el plural.
Cuando volvimos a clase la Patri nos juntó en un ala del Instituto del Profesorado a todos los alumnos del profesorado y yo leí el texto de Mex, Pegarle a un maestro. Hicimos un minuto de silencio y volvimos a clase. Había un clima de mierda. En las escuelas primarias las maestras hicieron una jornada de reflexión sobre el asesinato de Carlos Fuentealba. Al volver a la casa Josecito, que en ese entonces tenía siete años y ya me había enseñado algo, le comentó a Alicia lo que habían hecho en la escuela. Alicia me lo contaba con lágrimas en los ojos. Josecito le preguntaba porque pasó lo que pasó, porqué habían matado a Fuente del Alba se preguntaba Josecito, con ese hermoso error de pronunciación.
Josecito no entendía que había hecho de malo un maestro para que lo maten, a las personas no se las mata mamá, repetía, justamente a ella, con el cuñado asesinado por la dictadura. Y se lo preguntaba constantemente, a cada momento. Alicia le respondió como debía explicarle, que esas cosas no deben pasar y que si pasan hay que exigir justicia hasta el final. No entraba en la cabeza de un nene de siete años lo que había pasado.
El día del paro Josecito estuvo de mal humor todo el día. No jugaba, hablaba poco, cosa rara en él. Alicia le preguntó que le pasaba y Josecito le respondió que si él jugaba o se divertía justo ese día Fuente del Alba se iba a enojar. Alicia le explicó que lo que menos haría Fuentealba sería enojarse con él porque jugaba, porque los chicos están para ir a la escuela, aprender y jugar. Además los maestros no quieren chicos aburridos, los chicos aburridos nunca aprenden. Y Josecito se fue a jugar.
Josecito sabía desde bien adentro que los maestros no se tocan, por más que no le gustasen todas sus maestras. Josecito sabía que Carlos Fuentealba no debía morir. Ahora Josecito sabe que Carlos Fuentealba está presente, ahora y siempre, y que es deber de todos exigir justicia. Por la memoria de Carlos Fuentealba y su familia. Y por todos los Josecitos que vienen detrás nuestro.

26.1.11

Cabezas ¡Presente!


Martes 25 de Enero de 2011

Ante un nuevo aniversario del asesinato del reportero gráfico, desde la APSF renovamos el reclamo por que sus asesinos cumplan con sus condenas efectivamente.
Este 25 de enero se cumplen 14 años del crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas. La fecha nos encuentra como colectivo de trabajadores y trabajadoras de prensa renovando el reclamo para que sus asesinos cumplan sus condenas de manera efectiva.
Cabezas fue brutalmente asesinado por informar y mostrar a la sociedad una realidad donde se entrelazaban políticos, policías y empresarios corruptos. Podemos decir que se trató de un asesinato político que tenía el objetivo de enviarle un mensaje a toda la sociedad. Su muerte carga con un significado especial: el poder no debe ser mostrado. Hasta febrero de 1996 el rostro del poderoso empresario Alfredo Yabrán era desconocido para la mayoría de los argentinos. Una foto de José Luis Cabezas lo hizo tapa de la revista Noticias.
Continuar recordando a Cabezas es reivindicar la vida, es defender la libertad de expresión y el derecho a estar informado. Pero también es una oportunidad para alertar a la sociedad sobre la necesidad de enfrentar y erradicar toda forma de violencia destinada a silenciar o condicionar a los trabajadores de prensa.
Porque a pesar del compromiso y el esfuerzo de miles de trabajadores de la comunicación, la precarización laboral en un gran número de empresas periodísticas y las prácticas abusivas de muchos dirigentes políticos y empresarios, provocan que la sociedad santafesina aún no tenga garantizado el derecho a recibir información veraz, plural y de calidad.
Desde la Asociación de Prensa de Santa Fe, una vez más, decimos: “Cabezas, ¡presente!”.

8.11.10

Al basurero

Ricardo Gutman



Hoy ha muerto Emilio Massera, una verdadera lacra humana. No te extrañaremos. Ni olvido ni perdón.

25.3.10

24 de marzo


Cada vez que llegue la fecha, cada inexorable 24 de marzo del año que fuese, será imposible no hablar del tema. No se podrá obviar nunca más. Y estará por siempre en la memoria. Gracias a Dios. Gracias a la democracia. Gracias a las Madres. Gracias a las Abuelas. 
De un tiempo a esta parte, digamos desde hace cuatro años atrás, desde el "aniversario" número 30, cada 24 de marzo se convierte en una fecha urticante para la opinión pública. No es que nunca lo haya sido, los años de lucha solitaria y silenciosa de las Madres, Abuelas y organismos de Derechos Humanos así lo confirman pero se ha convertido en urticante porque nadie parece querer hablar sobre eso y porque al parecer los grandes medios de comunicación se pelean por ser quien más desinforme o tergiverse sobre el día. 
No por lo que pasó, que a estas alturas de las cosas es imposible negarlo, sino por todo lo que acarrea el día en si. La exposición cada vez más grande del tema como la visibilidad de los organismo vinculados a la lucha y sus representantes está teniendo sus frutos. La creciente cantidad de gente (sobre todo jóvenes) que año a año moviliza es una espina que duele cada vez más, la obligación de hablar del tema aunque no se quiera, las poses políticamente correctas en los programas serios y los análisis sesudos que evitan nombrar no a los responsables, que son archiconocidos, sino a los cómplices civiles, a los que se beneficiaron, a los anónimos funcionarios serviles de aquel momento que hoy deambulan como señores por nuestras calles así lo demuestran. El 24 de marzo molesta. Y está bien que así sea.
Por que hablar del 24 de marzo implica necesariamente hablar de la vida. Es simple: se mató gente por pensar distinto. Para personas como quien suscribe eso no admite discusión. Se mató gente, se mataron personas, es humanamente injustificable, no existen argumentos que valgan al caso. ¿Qué vas a discutir? Es perder tiempo. Ni siquiera es necesario tomar posición, es absurdo decir que alguien está en contra de la vida. Un nene de cinco años lo entiende sin necesidad de explicarle. Pero por más que a gente de bien eso no le entre en la cabeza existe gente que está en contra de la vida. Si no no habría pasado lo que pasó.
Y por más que moleste es necesario hablarlo, debatirlo, analizarlo, explicarlo, recordarlo. Porque si no se convierte en un feriado más, otro día sin clase, otro día que no se trabaja y se pierde el significado intrínseco de una fecha clave en la historia argentina. 

Deformar la realidad    
El papel de los medios en un día como el de ayer dejó mucho que desear. Al decir de Dolina, con argumentos que no admiten la menor réplica ni producen la menor convicción -y por lo tanto vacíos- y semblantes preocupados, ahora la onda parece que viene por la desmovilización (siempre hay algún violento suelto que te quiere hacer percha), la tergiversación manifiesta de hechos aislados como excluyentes y la exaltación de -pido perdón por el buen romance- pelotudeces grandes como una casa como si el acto del 24 de marzo era un acto partidario o no. 
Dentro de esa lógica prácticamente binaria de análisis y debate externo (o estás a favor o estás en contra) flaco favor hacen los adalides de la libertad de prensa a la democracia nuestra que parimos todos los días. Con la lógica de la profecía autocumplida como cabeza de proa, los prestidigitadores de la comunicación exponen la fragmentación social que denuncian todos los días fogueándola a cada momento. Y los entiendo. Es que algo tienen que hacer. Tienen intereses creados y muertos en el placard. Cien mil personas en la plaza es una cifra contundente. Hay que pararlo de alguna manera. Como sea. Y operan a cara descubierta. Porque deformar la realidad también es mentir. 
Este 24 de marzo mostró no solo la creciente convocatoria de la juventud a reivindicaciones por la Memoria, la Verdad y la Justicia sino también el constante proceso de fragmentación y división de la sociedad argentina. La plaza de Mayo fue disputada por tres fracciones sociopolíticas; sin contar aquellos que faltaron a la convocatoria. Si bien veintiséis años de democracia no son suficientes, simplemente son el inicio de una vida cívica, las antinomias políticas azuzadas por los funcionales de siempre que nunca faltan desdibujan un reclamo popular unívoco. Plantear que si el acto del 24 de marzo es un acto partidario o no, "propiedad" del kirchnerismo, tanto como darle entidad a las declaraciones de dirigentes políticos venidos a menos, es restarle valor a una fecha histórica y hacerle el juego a esos que diariamente fogonean sin tapujos la fragmentación, la división y el olvido. Todavía hay cosas que no entendemos.

¿Y por casa cómo andamos?
Al parecer, igual que siempre. Mas allá de algunos actos aislados en las escuelas fue otro feriado más. Algunos grupos de sancristobalenses se movilizaron a Plaza de Mayo en este día tan especial pero en la ciudad no pasó nada. Duele. Porque es culpa de todos. Quien escribe debiese haber hecho algo. Pero sólo no se puede hacer nada. Y la pregunta me sigue sonando cada vez que se acerca la fecha. ¿Cuánta gente habría asistido a un acto del 24 de marzo en San Cristóbal? La verdad, no sé. Pero algún día me voy a sacar la duda.  

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