Por Ricado Gutman
Es la humedad, no es otra cosa. Creo que el Puma Goyti dijo que el calor degrada al ser humano. Se equivocó. Es la humedad, que empieza a ponerse calurosa a eso de las 10 de la mañana. Porque no es al revés, no no, es la humedad que se pone calurosa no el calor que se pone húmedo, lo que hace que el día se vuelva insufrible. Es así que el estado de ánimo de la gente empieza a cambiar; aquél que era un amor hace diez minutos se transforma en una porquería atómica. Y todo porque la ropa se le pega a la piel. Llegado el caso la humedad puede hacer renegar de la condición humana. Debe ser que por eso existe la depilación definitiva, beneficio al cual la mayoría de los mortales estamos lejos de llegar, más que nada porque nos sale muy caro. Dan ganas de salir a matar gente. Por eso lo que mata es la humedad. La humedad ambiente. No conocí peor lugar para eso que Santa Fe. Deben existir los trópicos y las selvas y de seguro deben ser insoportables pero al menos tienen árboles. Árboles como la gente. Santa Fe te destroza, con el río ahí al lado. Pocas cosas deben ser más insufribles que Santa Fe en enero. Santa Fe en enero sin un mango en los bolsillos.
En esos tiempos la gente se las arreglaba para pasar el verano, la siesta sobre todo. El primer verano fue una tortura total, paraba en la casa de un pariente, no me sabía cocinar, comí lentejas durante una semana hasta que me animé a tirar una milanesa a la plancha y como si fuese poco la media era de 45°. La casa tenía un patio de dos por dos, puro cemento, la cuadra entera, que era prácticamente una cortada, no tenía un solo árbol, por lo que la casa estaba expuesta al sol todo el día. Arrinconados por el sol quince horas al día. Fue la primera vez que creí que no iba a aguantar. Pero en ese entonces era flaco y no chorreaba sudor como ahora. Estuve unos 20 días en la casa del pariente, que apenas pudo me subió el valor del alquiler cosa que le diga que me iba y me fletó. Es comprensible, el vago vivía sólo y no iba a aguantar a un pendejo que ni siquiera se sabía cocinar una milanesa. Es comprensible, sí, pero siempre es preferible decir las cosas sin rodeos que buscar la mejor manera de rodearlas. Por ese entonces yo tenía menos idea de nada que ahora. Así me recibió Santa Fe.