19.6.11

Cipayos



Ricardo Gutman

Cipayos era el nombre que identificaba a una de las divisiones de elite de caballería del Imperio Otomano. Para hacerlo más comprensible, gozaban del prestigio que tenía un caballero medieval europeo, incluso con los mismos privilegios. Como se puede ver, los feudos no son solo una cosa europea. Por estas latitudes también ocurría más o menos lo mismo. Pero continuemos por allá. Lo que antes fue una denominación de honor se fue convirtiendo, con el tiempo y gracias a la acción del Imperio Británico, en la denominación del soldado indio nativo más raso del ejército inglés en la India. En nuestro idioma cipayo denomina a aquel vendido, que trabaja a sueldo para el enemigo de la patria. Es evidente la intencionalidad de la denominación. Cosas raras las del lenguaje, de cómo una denominación honorífica termina siendo un adjetivo peyorativo. La historia no está exenta.
Pero hay ciertas diferencias. Hoy cipayo es una persona encargada de reproducir el colonialismo intelectual de las grandes potencias sobre lo que se denomina pensamiento nacional o interés nacional. Por extensión este pensamiento se instala en aquellos que reciben el mensaje y reproducen las condiciones y el pensamiento cipayo, creyendo ellos que la idea, lo que dicen y lo que piensan, es absolutamente personal. Los reproductores difícilmente se percatan de la situación porque tienen el pensamiento colonizado. Los unos y los otros son tangibles, la diferencia que unos son a sueldo, hacen su negocio, y los otros no, lo que los transforma en una mera mercancía de aquellos que perciben un sueldo.

16.6.11

Funes el memorioso

Existen en todos lados, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada barrio de cada metropoli. Hombres encargados de llevar consigo los registros que la mayoría ignora. Quien sabe que designio los va transformando en hombres importantes, seguro que un poco queriendo y otro poco sin querer el héroe va aceptando su misión en el mundo, cumplen esa función que casi nadie quiere asumir y que sólo está reservada a unos pocos. Esos son los hombres importantes. Y abundan, silenciosos en su humildad. Pero hoy uno de ellos se ha ido. Ha muerto Funes el memorioso, nuestro Funes.
Hay personas que no habría que dejarlas morir. Don Usen Arta es una de ellas. Ha muerto la memoria de San Cristóbal. Se nos fue un grande, un hombre querido y reconocido por todos, un hombre imposible de ignorar. Y como creo conocer un poco el paño, o por lo menos me lo permito así, ahora me pregunto que será de nosotros. Sólo espero que alguien haya tenido el buen tino de registrar todo lo que había en la cabeza de don Usen, el hombre que tuvo todos los homenajes en vida, que le dio su vida a este lugar tan sufrido, que llevaba la historia grabada en el cuero, porque solo se puede saber lo que el sabía si viviste las cosas, si las palpaste, si estuviste adentro del cuento, siendo protagonista, animándote a serlo.
Don Usen se fue y todo San Cristóbal lo llora. Se lo va a extrañar mucho, demasiado. Gracias igual, muchísimas gracias

Deudas con Borges

Ricardo Gutman

I
En retrospectiva, lo digo sin miramientos, fui un estúpido. Todavía recuerdo aquellos tiempos y me inunda la vergüenza. Lo peor de todo es que yo creía que era original, que la respuesta era una respuesta copada ante la asunción pública de mi ignorancia. Hasta ese entonces, estoy hablando de mi tierna edad de diecinueve años, yo no había leído Borges. Un poco por vago, un poco por miedo, un poco por desconocimiento personal –en ese entonces confiaba mucho menos en mí- había llegado a los 19 años, a la carrera de Letras, sin haber leído Borges. En realidad había llegado a la carrera de Letras sin haber leído lo que había leído la mayoría. Y no era que no había leído. Ocurre que mi biblioteca personal era demasiado outsider del canon académico. Era buena –sigue siendo buena- pero totalmente outsider. Y yo nunca había leído a Borges.
Recuerdo enumerar autores -actividad literaria ególatra si las hay, totalmente autocomplaciente- que nadie conocía. Yo al menos conocía los que los otros habían leído, al menos de nombre y figura, de pasada si se quiere. Pero ellos nada. Es decir, esos autores no les decían nada y por lo tanto no decían nada de mí. En resumen, yo no les decía nada.
Yo respondía que el postre era para el final, frase estúpida si las hay, que a la vez que reconocía no haber leído a Borges de cierta manera complacía al resto, que pensaba que había llegado al final de algo. Creo que por eso no me molieron a trompadas. Lo cierto es que era una frase estúpida, demasiado estúpida, muy de esos años, que a su vez conserva una secreta admiración al genio. A Borges, sin nombres adelante. Él será su apellido para la eternidad. Y si por esas casualidades compartís el apellido lamento decirte que te cagó para el resto del viaje, vas a tener que hacer algo mucho más grande para que la gente no tenga que decir tu nombre antes del apellido.

13.6.11

Palermo, ese tipo que hace goles


Ricardo Gutman

Estoy futbolero. Sí. Es que el fútbol genera muchas cosas, entre ellas, escribir. Es un buen momento para escribir. El ambiente está tranquilo, por lo menos por acá. Yo hago tiempo para que el café llegue justo cuando empieza el partido. No podría haber sido otro día. Tenía que ser un domingo. Me llama la atención que todavía no haya nadie. Rose mira desde el fondo y Carlitos espera a reaccionar. La bombonera explota. Palermo juega su último partido. Acá parece que nadie se enteró. O seguro que la mayoría está en sus casas. El mundo lo está esperando y el insufrible de Araujo no para de repetir su apellido. La gente empieza a corear el nombre del ídolo. Una cámara se cola en el túnel y lo muestra al esperado a punto de salir. Está nervioso y se nota. Está emocionado. Es mucho para cualquiera, por más que seas un Titán. Es mucho para cualquiera.
La mayoría de nosotros, simples mortales, nunca vivirá algo parecido. Nunca moveremos multitudes con solo pisar el césped  de una cancha. Nunca nuestro nombre sonará en el aire coreado por miles de voces fundidas en una sola voz. Esos lugares están reservados para las leyendas, héroes modernos de otras arenas, más modestas pero igual de épicas. Porque aunque parezca menor las épicas existen porque alguien las cuenta, haciendo que el relato perdure a través del tiempo. Nuestra ventaja es que nuestra modernidad ofrece la garantía del relato, la imagen, el archivo, que muchas veces se convierte ella misma en la leyenda misma. Porque hay cosas que no se pueden creer por más que te las cuenten un millón de veces. Si no las vivís no es lo mismo. Y si no pensemos en el gol del Diego a los ingleses, si te lo contasen no lo podrías creer.

12.6.11

Un día perfecto

Olimpo Newells


Ricardo Gutman

“Si la Historia la escribe los que ganan, eso quiere decir que la Historia es bilardista”
Barcelona N°212 pag.20

Viernes. Olimpo Newells. Que agenda. Como siempre que le pido un café chico, Carlitos me trae un café mediano. Va mejorando. Al menos ahora no los chorrea por los costados. Y me trae el azúcar. Y hasta la cuchara. Supongo que Bahía Blanca estaba pendiente del partido. El Tano, que es hincha de River, dio la orden de no mover de canal. Parece mentira. Un viernes a la noche mirando Olimpo Newells. Y yo que no soy hincha de ninguno de los tres.
Hay cosas que son lógicas que pasen. Verlo jugar a Olimpo es entender porque Olimpo está peleando la promoción. Uno no ve el partido por el volumen de juego. A lo sumo lo ve por el suspenso. Y porque siempre hay un amigo hincha de River al que es lindo gastar. En Bahía Blanca se deben querer morir. Alambrar por un equipo que juega horrible. Pero alambrar igual. Eso es amor. Y es admirable.

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