26.2.16

Blanco

Blanco.
Últimamente todo se está poniendo blanco.
Cómo el anuncio de una lluvia.
De un tiempo a esta parte se me olvida todo. Al parecer no soy el único. Hago como si no ocurriera pero me pasa al igual que muchos. Algunos me lo dicen, a otros se les nota. Yo hago como si todo siguiese la misma rutina. Compré un llavero con un gancho cromado que llevo religiosamente en todos los pasadores traseros derechos de todos los jeans. Los fines de semana, cuando estoy de entrecasa, es fija que pierdo la llave. Debe ser un síntoma, cómo si estuviésemos dentro de un vapor medio viscoso. No es necesario que nadie nos diga que estamos bajo el efecto de algún sopor cósmico que nos distrae de lo real. Lo sabemos, lo real es lo que se ignora. No hacen falta trompetas celestiales que anuncien la verdad. No nos importa. De hecho hemos inventado más de un recurso para reforzar esa situación. Todos los recursos posibles. Porque nos gusta soñar. O nos gusta estar dormidos.
Soñar no cuesta nada. En mi caso, aprender a leer fue más que suficiente. La identificación cuasi patológica con la necesidad de lectura compulsiva produce una paulatina y progresiva identificación con el mundo de las ideas. Quisiera decir que eso es bueno pero sé que no. Hay una separación, un defasaje ahí que no se cierra. Todo se vuelve onírico, no hay nada de acá. Lo que tiene de placentero lo tiene de peligroso. Con el correr del tiempo la memoria me ha hecho tropezar en más de una oportunidad. Al día de hoy la seguidilla de traiciones hace que no pueda recordar acontecimientos que hice la semana pasada, más allá de aquellas cosas que tenga previamente planificadas. No recuerdo lo que dije ni los compromisos que asumí. Olvido contraseñas. Por eso anoto todo. Y en ciertos momentos varios recuerdos que creí inmutables para siempre se doblan y se pegan, se estiran en el tiempo, se borran las fechas y las horas, poniendo en duda la esencia misma de un sentimiento. Por que el recuerdo es eso, una imagen más una emoción de un tiempo que pasó donde la emoción es la que fija la imagen.
Blanco. Todo blanco.
Como un recién nacido.
De mi cumpleaños de seis me queda una foto en la sección sociales de febrero de 1987 de un diario que ya no existe más y una camioneta Duravit que todavía anda por ahí y que no tuve la valentía de jubilar. La foto es cada vez más amarilla y la camioneta sigue con el frente roto, encastrada en alguna esquina de esta casa cada vez más chica. Me acuerdo incluso de cuando se rompió pero no puedo acordarme de la voz de mi viejo ¿Fue el último beso de mi padre el último que registró mi memoria o se despidió antes de irse a dormir, por última vez, mientras yo dormía acurrucado en mi cucheta nueva? ¿Porqué no recuerdo las voces?. Era una noche oscura, neblinosa, con cierta bruma blanca en el aire. Alguien me cargó a los hombros y me fui a dormir del vecino. Ese día fue normal, lo pasé jugando. Llegada la tarde llegó mi madre, se sentó en la mesa y azotó su cabeza contra el mueble. En su mano derecha un cigarrillo llenaba de humo el comedor. Yo seguí jugando. Alguien me informó lo que pasó pero no asimilé la noticia sino hasta varios días después.
Blanco.
Todo blanco.
Como la nieve que nunca vi.
La incertidumbre hace que la vida parezca una película que otro proyecta. Incluso a veces suele ser una mentira. No le digo nada a nadie para que no se preocupen ni opinen pero el riesgo de esquizofrenia se vuelve cada día más real y amenazante. No todos pueden ser John Nash. Y yo soporto cada vez menos a la gente. La encontré de casualidad, sin esperar nada, fumando en la cocina, un día que volví de trabajar. ¿Eran tan morenos sus cabellos? Me fui acercando poco a poco, día a día. Ella también. No recuerdo el tiempo que estuve pero si sé que fui feliz. Me olvidé de contar y de los aniversarios. Mis días con ella fueron como un domingo a la mañana. Yo creía que esas cosas no podían desvanecerse. Hoy me cuesta recordar su cara. Creo que alguna vez más la volví a ver pero no sé si fue así o si todo eso que viví fue nada más que otro sueño, que otra historia. Todo los planos se entrecruzan y es todo tan confuso que tiendo a creer que todo pasó en realidad, para no andar pensando demasiado. ¿Qué diferencia existe si sólo es una cuestión de tiempo? ¿Fue tan dramática esa despedida? Yo.... la verdad...... no sé si soy real. Sólo recuerdo que era una tarde blanca. Una calle llena de polvo. Y que no quería llorar.

10.12.12

El 12



I
La noche es fresca, linda, hermosa, negra y con estrellas. Al costado aparecieron hace un tiempo un par de estrellas que desde rato me hacen compañía y se destacan porque no brillan, titilan. El 12 estaciona enfrente de mi casa pero yo no estoy ahí. El Puchi me viene a buscar media cuadra adelante, caminando. No lo dejo llegar porque si no tendría que presentarlo y siempre es tiempo perdido. Lo primereo y caminamos hacia el kiosco, compramos cerveza y cigarrillos. El Negro está adentro del 12, fumando con la ventanilla baja en una noche como esta. No debe andar muy cristiano. Apenas se lo ve, difuso dentro del halo gris. Ni siquiera saluda, ni siquiera nos ve. El 12 arranca con ese ruido de auto cansado y gastado, cruzando la avenida al ritmo del motor viejo que acelera como si gastase los últimos cartuchos. Atrás queda la nube negra de nafta mientras el auto avanza. El auto está hecho hilachas, ni radio tiene. La única música es la de la carrocería que se mueve. La tierra es asfixiante. Ningún médico debiese dejar que el 12 circule. Para entrar al 12 tenés que tener el certificado de vacunación con la antitetánica al día. No es para cualquiera. No es por nada en particular pero a ese auto no sube cualquiera. Los otros autos se corren al verlo llegar. Y uno aprende a querer cosas así, quien sabe por qué.
Tendría que haber escrito esto la noche del domingo, cuando la cerveza amenazaba con tumbarme. Tendría que haberlo escrito en estado de euforia, medio borracho, cuando me suele dar por filosofar. Y es que a veces salen cosas hermosas cuando uno anda así. Nunca fui muy guapo con el alcohol pero debo reconocer que antes resistía más. Eso no es nada para alardear, siempre tumbé la chata más temprano que tarde, y siempre me dio vergüenza tumbar la chata temprano aunque fuese más barato. Nunca me levanté bien al otro día, salvo este domingo. La noche ya me dejó, sabe que no me da más el cuero. Ya pasó el tiempo, me dice, y no sos más el mismo. Una nube de humo polariza el auto. Adentro, tres energúmenos de más de treinta años cantan a los gritos canciones de Sabina y los Stones con una Schneider en la mano. No son las nueve y media de la noche, el centro rebosa de gente con plata todavía fresca. En unos días ya no quedará más, solo las deudas. El 12 cruza los faroles y los carteles, en otro lugar, en otra dimensión.

II
Quizás es el tiempo, pero a todos nos cubre la misma sensación: las noches antes eran más largas. Todos tenemos la misma costumbre, esa de calcular cuanto tiempo dura algo en vez de vivirlo mientras es. Mentalmente todos estamos calculando cuando terminará esta recorrida y eso nos pone tristes. Lo veo en las miradas de los dos de adelante. Es que es tan lindo mientras dura. Es que mañana hay cosas que hacer, todos tenemos cosas que hacer. Hemos inventado millones de cosas para mantenernos ocupados, desde ruedas hasta el sistema financiero. Nosotros somos más simples en ese sentido, tenemos que ir a trabajar solamente. Pero es domingo a la noche y ya pesa.
Alguien toca el botón de la nostalgia y empiezan a salir cosas parecidas a los recuerdos, anécdotas entrecortadas que nunca terminan porque entre los tres nos interrumpimos. Una cosa lleva a la otra y nunca terminamos nada. Nadie deja terminar a nadie. Durante media hora nos reímos de la inmensa cantidad de pelotudeces que hicimos, de las vergüenzas que pasamos, de las corajeadas sin sentido. Hoy no hay nada de eso, solo tres tipos adentro de un auto desvencijado que recuerdan a medida que salen los recuerdos. Pero hay algo que falta en ese tarro con humo dentro, algo parecido a la verdad, y en ese preciso momento donde todo debiese ser sincero empiezan a saltar las justificaciones. No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio muchachos. Es hora de sincerarnos queridos míos, estamos en esta situación porque no tuvimos los huevos suficientes. Aprendimos a valorar las noches midiéndolas con cerveza porque hay noches que se da para tomar cervezas. Nos creímos el cuento de que había que ganarse la vida y lo leímos entero. Nos vendieron el buzón y lo compramos con gusto, nosotros que nos creíamos tan sagaces, tan astutos, tan piolas. Compramos que hay que levantarse temprano, no sé para qué. Compramos el verso ese que dice que si las cosas salen de acuerdo a tus expectativas está todo bien. Leímos de todo menos a Séneca, quizás nos hubiésemos avivado un poco. Nos hicimos adictos a la cerveza, al pucho y a los desengaños. Le echamos la culpa a la vida repitiendo lo que repiten todos por no tener la valentía suficiente de ir más allá, de romper el molde a mano limpia, sin martillos ni encargues. Nos entregamos poco a poco al contrareembolso, ni siquiera al boleta contra boleta, nunca pagamos por adelantado porque siempre quisimos obtener algo a cambio. Quisimos ser bohemios y no llegamos ni a la uña de Bukowski. Compramos el envoltorio, la cáscara de la bohemia. Nunca nos entregamos, nunca nos entregamos como debe ser, completos e inocentes, como niños.
Sé que la cagué muchachos, sé que no tendría que haberlo dicho pero fue más fuerte que yo. El silencio del auto me lo dijo. Pero tenía que hacerlo, porque las encrucijadas en las que hoy estamos no son mocos de pavo muchachos, se están definiendo cosas importantes y no podemos andar con chiquitas. No fue malo, para nada, pero ya pasó. Brindo por todo lo que pasó y lo que vivimos porque aprendimos, porque intuimos que hay algo que no funciona.  Y brindo por todo lo que nos queda por vivir. Pero ya fue vivir así. Y brindo por ustedes muchachos, porque todavía hay tiempo. Todavía queda un poco de tiempo.    

27.6.12

Quizás por eso eran tan grosos mis abuelos


Original. El diario alemán Bild publicó una tapa totalmente a mano, una costumbre que vamos perdiendo a manos de las nuevas tecnologías de la comunicación. Y no es cosa menor. No es casualidad que en la escuela te enseñen a escribir en manuscrita cursiva. Si lo pensás bien una vez que salís de la escuela no hay lugar en que se use la manuscrita cursiva para comuinicarse. Muy pocos son los que la usan. Lo más conocido es el logo de Coca-Cola. Y porque ustedes no vieron como escribía mi abuelo Antonio. Una maravilla. Al Tonico en su escuela no sólo le enseñaron a escribir en cursiva manuscrita sino que también le enseñaron caligrafía. Mi abuelo te dibujaba la letra, cuarenta y cinco grados a la derecha. Era hermoso verlo escribir, los trazos precisos, ligeros y estéticos. Podría haber sido esgrimista si hubiese querido. Don Gutman escribía poco si lo comparamos pero igual de prolijo que el Tonico. Cuarenta y cinco grados a la derecha. Siempre ibas a entender lo que te decían.
Escribir en cursiva reporta beneficios que la mayoría de nosotros nunca conoceremos, salvo que curses la carrera de docencia y aprendas la importancia de la cursiva. Resulta que en esos años escolares, sobre todo los primerizos, escribir en cursiva es importantísimo, básicamente porque fomenta el desarrollo psicomotriz y la actividad cerebral. ¿Cuál es la relación? El desarrollo psicomotriz, la capacidad de escribir en cursiva, es un signo de la actividad cerebral de la persona. Quizás por eso mis abuelos eran unos grosos.        

12.6.12

Algo así


No te enamores nunca de Cathy Earnshaw



Ricardo Gutman
La lluvia finita que se mete en todo. No parece pero hacía calor. La garúa refresca. Y yo con campera, porque no sé como vestirme. Viene de hace tiempo, desde que me quedé en la ruta, varado, y me morí de frío por hacerme el guapo. Todo el día en la ruta, con alpargatas y un sweater. Llegué con lo justo, ni para volver a Santa Fe tenía. En el bolso estaba la ropa sucia, que fue la que terminó abrigando. No hubo lugar donde no haya buscado un recoveco y no hubo lugar del que no me hayan echado. Mi vieja llegó con Carlos en el auto a eso de las once y media de la noche con sandwiches y calefacción  No sé si habré hecho diez kilómetros cuando me di cuenta de que iba en auto, comiendo, recostado atrás, cómodo, con calefacción. No habían pasado ni diez minutos, no habíamos cruzado Manucho y yo ya me había olvidado del frío que pasé. Me dije no olvidar lo que pasé ese día. Para aprender. Desde ese entonces prefiero morirme de calor que morirme de frío.
Como ayer domingo, que no sabía si sacarme la campera o no porque cualquier vientito que anda dando vuelta me deja en cama. No sabía si en la Sociedad Italiana venderían café con la película, y eso en verdad me comía la cabeza. Hace rato que tengo ganas de un café. Saben a lo que me refiero. Raro que aquí haya algo para hacer un domingo. Acá es muy raro todo. Usualmente la gente se queja de que no hay nada pero cuando hay algo no lo aprovecha. Como ayer a la tarde. Cumbres Borrascosas en la Sociedad Italiana. La primera, con Lawrence Olivier. Cine un domingo lluvioso. Éramos diez, como mucho. Me parece que estoy siendo generoso. Y yo que estaba pensando seriamente en poner un sala de proyección, humilde, chiquita, que abra los fines de semana, dos funciones, una para chicos. Pensaba. Si esto, que no cobra entrada, que es una colaboración, que es una actividad cultural, convoca a diez no me quiero imaginar si se lo encara de una manera más comercial. No es lindo hacer algo y que no te funcione. No sé.
Es la historia de un amor como no hay otra igual. Supongo, solo supongo, que la mayoría de la gente sueña con vivir historias de amor de novelas, historias entre heroicas e imposibles, historias que otros admiren, anhelen, envidien. Porque es inscripto que si la dificultad en el amor, en la relación más que nada, es grande y se hace todo lo posible por saltearla eso eleva la densidad del amor. Y eleva a los inmersos en la historia. Lo cierto es que la mayoría de nosotros no tiene ni las más mínimas ganas de renegar ni el diez por cuento de lo que se reniega en las novelas mexicanas. O en Herederos. Entre otras cosas porque nadie tiene la certeza de que va a terminar bien, como si ocurre en las novelas mexicanas.

31.5.12

Barcelona 255


En San Cristóbal el único que la vende es el Pancho Bassano. Quien otro. Por encargo.

29.5.12

Solidaridad y apoyo


Desde este humilde espacio nos sumamos (?) a la terrible indignación que siente el pueblo argentino por la injusticia cometida en los Martín Fierro 2012 de no otorgar el galardón a mejor programa humorístico a Sin Codificar. Que se haga justicia. Alguna vez.  Igual los muchachos no se fueron con las manos vacías.

 

27.5.12

Prejuicio de Monster


Mi primer experiencia, digámosle real, con el animé fue Death Note, serie de la cual hice una sinopsis, una opinión, que si quieren pueden leer como para refrescar la cosa. SuperCampeones, Mazinger Z , Robotech y DragonBall son los animé que más recuerdo pero jamás leí sus mangas. Nunca fui un fanático, digamoslo así. Siempre fue más entretenimiento que otra cosa. Hoy volvería a ver Robotech, ya de grande, para agregarle otras cosas. Es por eso que Death Note estuvo copada de ver, fue el primer animé que miré concientemente que tenía recursos argumentativos más allá de las peleas, las piñas y las maniobras lisérgicas dentro de una cancha de fútbol. Pensar que había gente que creía posible de hacer las maniobras de los hermanos Korioto o que la chilena se hacía girando en el aire y cayendo sobre sus pies cual Oliver Atom. Debo reconocer que estuvo bueno ver Death Note. De ahí a explorar hay un solo paso. Intenté seguir la fiebre con Evangelion pero me dormí. Es decir, me durmió. Un bodrio del cual no hablaré mucho porque no miré mucho más que diez capítulos. En el interín, recomendaciones al por mayor. Internet puede confundirte muy fácilmente. En ese lapso me recomendaron Ghost in the Shell, que vuelva a ver Evangelion o que mire una que se llama Code Geass. Ahora que recuerdo también vi una media boluda de una historia de amor que nunca se realiza de dos adolescentes que se desencuentran o algo así. El pibe va en un tren y hace un frío de morirse y habla sólo y busca a una chica que nunca llega y así sustantivamente diría el chavo. Pero el problema en sí fue Evangelion. Quizás me acostumbré tanto al subtítulo que doblada me produjo algo de rechazo. Quizás Mazinger Z es mi límite en cuanto a mechas. Quizás ya estoy podrido de las peleas sin sentido. No sé. La cuestión es que dejé de ver animés. Hasta ahora, en que empecé a fumarme Monster.

25.5.12

Reivindicación del clima

DSCN2040

Ricardo Gutman

I
Debiese darle la razón a todos y dejar de hacerme mala sangre. De última nadie está equivocado, si algo nos han enseñado es que peleamos por imponer sentidos. En cualquier cosa. Hasta en los inodoros. Y que en esa pelea algunos pelean como pueden, con lo que tienen, desde su humilde u opulento lugar. Y que nos gastamos mucho en esa pelea, nos pasamos la vida peleando, incluso cuando creemos que no peleamos. Que lo hacemos como para decir que hacemos algo porque en realidad tenemos miedo de morirnos y no otra cosa. Porque la idea es llegar a un punto de la vida y mirar para atrás y decir está bien.
Nunca nadie piensa cambiar nada de lo que hizo. Fijate que en el transcurso de los años pensás un millón de veces que cambiarías y que no, que sería bueno pegarla al Quini o al Loto y zafar, pararse. Recuerdo hace unos años, cuando te decían que con un millón de dólares te parabas para el resto de tu vida. Ja. Mirá ahora. Con suerte te alcanza para hacer una inversiones y rezar para que no pase nada que haga caer el mercado inmobiliario o algo por el estilo. Pensás un millón de cosas distintas al mismo tiempo para cambiar algo que cuando llegues al final del camino estás contento de que haya ocurrido así y no de otra manera. Porque son muy pocos los que asumen que quizás se equivocaron. Quizás no nos equivocamos nunca y creemos que nos equivocamos constantemente porque nos han dicho que nos equivocamos constantemente.
II
Dicen que los días están horribles. Húmedos, lluviosos, grises, blancos. Para mí están hermosos. Cómo hago para explicar que los días así también son hermosos y que no tiene ninguna diferencia con otros días. Que son días que te dejan vivir. Quien dijo que el calor es mejor que la humedad. Que está para salir a sacar fotos por ahí, meterse en algún puente, fumarse un pucho y mirar como el humo se espesa en la humedad del ambiente; ver como se va, como se diluye entre el cielo blanco cruzado de gris, sin cables ni postes. A lo lejos un árbol, verde todo verde después de haber llovido, cuando todo es más verde. La tierra húmeda. Quién dijo que estos días son horribles. ¿Son horribles porque no se seca la ropa? Ya se secará. Por más que los huesos te pasen factura, no importa, es como todo, ¿cuántas de las cosas que querés te hacen doler? Y seguís, y no te quejás, y si te quejás se te pasa. Como un día húmedo. Como una semana húmeda. El clima es así. No debieses ni de abrir la boca, simplemente deberías dejar que pase. El clima no existe por vos, existe para la tierra. A ver si te das cuenta. Quedarse tirado mirando como la tarde se va yendo en esa especie de tubo blanco en lo que se han convertido los días, días sin nombre, sin horas sin tiempo, una sucesión de días sin nombre, un día interminable sin nombre con luces y sombras y algún que otro color que cambia sin mayor preferencia, el estado de ánimo del universo, que es el mismo y que cambia cuando se le da la gana. Meter el pie en la tierra húmeda, barrosa, entrarse, resbalarse, dejarse ensuciar por el barro que come la suela de las zapatillas. Caminarla. Deslizarse. Reírse con el suéter forrado de gotas de agüita.
III  
No sé si está bien esto que hago. No sé porque debiese interesarte algo. Lo digo con ánimo de pregunta, con todo respeto. No sé porque leerías esto. Habitar un cuerpo es darle sentido a la materia, es más que incluso lo que hacemos todos los días. Mucho más que movernos, comer y reproducirse. Existen millones de vidas que no viviré y está bien que así sea. Existen y quedan millones de experiencias que no me tocarán ni de cerca. No al menos ahora. No seré, ni soy, algo presuntamente calificable. Y no es vanagloria. No puedo. Se me escapa. Mientras tanto recorro el camino y dejo que el camino me lleve. El camino que se recorre es también algo que define. Y en ese camino no hay tautologías ni palabras confusas, ni sentidos cruzados. Es correspondiente y no otra cosa. Recorrer el camino es definirse, o irse definiendo. Confirmación de que se es lo que se es. Y ser lleva a recorrer ese camino y no otro. No son dos cosas distintas, son dos cosas invariablemente acopladas. Elegir el camino lleva a ser. Lo que sea, en ese momento, en ese lugar. Pido disculpas, pero en este momento estoy más interesado en recorrer el camino que en definirme. Fe ciega. El camino define. Y mientras tanto, en ese devenir, soy. Me develo mientras recorro, mientras devengo. ¿Cuál es la necesidad de definirse, de estancarse?.
IV
Jugar. En el charco mismo, lleno de barro y agua, con los pastos pegados en la cara. ¿Que necesidad de preocuparse por las funciones que se ocupan en la vida si en definitiva no son nunca las mismas? Si la vida es la constante, las funciones son la variable. No hace falta que lo explique, es tan fácil que hasta un adulto puede percibirlo. El problema es que lo acepte. Los niños ya lo saben, por eso juegan. Juega como los chicos, a ser astronauta, a ser bombero, enfermero o piloto de autos. Juega a lo que quieras. Pero no olvides volver. Porque no eres más que lo que vuelve en el momento que dejas de jugar. Como los niños, que vuelven a ser niños cuando dejan de ser lo que jugaban a ser.  
V
Si por mi fuese, jugaría toda la vida a la rayuela. Es impresionante la cantidad de versiones que tiene ese juego. Hasta un libro. Yo jugaría, pasa que los chicos ya no quieren jugar conmigo. Dicen que estoy grande.
VI
Entre todas las cosas que me puedan tocar, entre todas las variantes de la misma situación, espero que la valquiria que me lleve lo haga cantando. Ojalá que la valquiria tenga la voz de Bjork, la voz de una nena de cinco años que hace música jugando y que me lleve así, como quien quiere la cosa, jugando, una tarde como la de hoy.

Un día como hoy ...



Otra lista de cosas que... bueno... ya saben




1. Estoy cansado del tonito mala leche de Majul.
2. Estoy cansado del peinado de Majul.
3. Estoy cansado de tener que pedir los bidones a la COPOS para tener agua.
4. Estoy cansado de que la COPOS sea tan deficiente.
5. Estoy cansado de que se me ocurra una idea copada para esta lista y que se me olvide al toque.
6. Estoy cansado de tener tan mala memoria.
7. Detesto no ser políglota.
8. Detesto no ser inventor.
9. Estoy cansado de atender el teléfono.
10. Estoy cansado de que se me olvide para que sirve el inalámbrico.
11. Estoy cansado de los que quieren cagar más alto que el culo.
12. Estoy cansado del bombardeo mediático.
13. Estoy cansado de que sólo pasen noticias de mierda en los noticieros.
14. Estoy cansado de los noticieros
15. Estoy cansado del televisor.
16. Estoy cansado del zapping.
17. Estoy cansado de la división.
18. Estoy cansado de la resta.
19. No soy inteligente, simplemente puedo hacer cálculos mentales.
20. Estoy cansado de los feed.
21. Estoy cansado de que crean que se de ortografía.
22. Estoy cansado de que me echen la culpa.
23. Estoy cansado de Barone.
24. Estoy cansado de los exégetas.
25. Estoy cansado de los filtros.
26. Estoy cansado de hacer fuerza.
27. Estoy cansado de mentirte con la excusa de no herirte.
28. Estoy cansado de callarme con la excusa de no enojarte.
29. Estoy cansado de pensar.
30. Estoy cansado de juzgar.
31. Estoy cansado de que me obliguen a juzgar.
32. Estoy cansado del puterío.
33. Estoy cansado de ese parloteo constante en la cabeza.
34. Estoy cansado de elaborar estrategias.
35. Estoy cansado de Tan Biónica.  
36. Estoy cansado de que se me seque la bocha.
37. Estoy cansado de copiar y pegar.
38. Estoy cansado de que Macri no se de cuenta de que es intendente de la Capital del país.
39. Estoy cansado del dinero.
40. Estoy cansado de los que comercian con todo.
41. Estoy cansado de los intereses.
42. Estoy cansado de la letra chica.
43. Estoy cansado de la Comic Sans.
44. Estoy cansado de los Consultores Multinivel Online y de los Consultores de Marketing Online.
45. Estoy de los consultores de Marketing.
46. Estoy cansado de que todos los consultores me sigan en Twitter.
47. Estoy cansado de los consultores.
48. Estoy cansado de Fernando Iglesias, el censor de las buenas costumbres.
49. Estoy cansado de los censores.
50. Estos cansado de los cobardes.
51. Estoy cansado de tener que pedir permiso para hacer cualquier cosa.
52. Estoy cansado de las propagandas de Colgate.
53. Estoy cansado del jopo de Guillermo Andino.
54. Estoy cansado del jopo de Mónica Gutierrez.
55. Estoy cansado de los paranoicos.    

22.5.12

Animales Sueltos

Ricardo Gutman

Me gusta el nombre del programa. Animales sueltos. No es un programa que sigo ni que mire, de vez en cuando lo dejo un rato. Me gusta ver como Fantino actúa el interés genuino por algo que no le importa. Esa es la espina de todo periodista, de todo entrevistador: hacer notas que no le mueven el amperímetro. No de la gente, que de última es discutible, sino del que entrevista. Me ha tocado en su momento y es muy feo. Claro que por un buen sueldo lo hacés. No era mi caso. Pero la producción de Fantino estuvo certera en entender que el rubio es uno de los mejores entrevistadores del país. Si no cabe recordar ESPN Estudio, un excelente programa donde Fantino demostraba aptitudes excepcionales para la entrevista. En Animales Sueltos han decidido ir a la entrevista, exprimir eso. Y lo celebro. aunque pase gente como Aldo Rico. Otras veces tenés la suerte de que vaya gente como Gabriel Rolón. No sé si midió o no, pero la entrevista dejó cosas muy copadas.
“Lo que se interpone entre nosotros y la muerte es el deseo” dijo Rolón, que para mí es un tipo con una sensibilidad muy grande, a modo de justificación terapéutica del deseo, del deseo como motor de la vida. De acuerdo a lo dicho por el psicólogo el que no desea es el que cae en un estado depresivo. El depresivo no desea porque percibe la futilidad de las cosas: “para que voy a hacer esto si en realidad me voy a morir”. Y esto para cualquier psicólogo es síntoma de una enfermedad, que de hecho lo es, clínicamente hablando. Pero no por eso es menos realista. Ni menos sincera.

on line

Blogger news

Las entradas a tu correo:

Un servicio de FeedBurner