22.10.10

Los muertos tienen siempre las mismas caras


Ricardo Gutman

No sé si te diste cuenta pero todos los muertos siempre tienen las mismas caras. Quizás es parte un delirio místico propiamente mío, de mi formación religiosa pero desde hace ya unos dos mil años todos parecen tener las mismas caras, las mismas facciones, algo en común que hace que no puedas dejar de mirarlos.
Ya sé que son diferentes pero más allá de sus diferencias comparten algo y cuando mueren algo se desata en el común de nosotros, de la gente, entre los que quedamos vivos, como que nos duele la vida y lo primero que nos sale es putear. Mueren los mejores, dicen por ahí, y es muy probable que así sea. Pensalo, que se yo, no sé, quizás estoy exagerando a tu entender. Para mí no es un delirio, hay algo atrás, no me preguntes qué, como una constante más que fáctica y comprobable, algo muy denso e invisible que lo dice y te lo enrostra. Los muertos siempre tienen las mismas caras.

Yo no sé por qué, no me lo preguntes ni me pidas que te lo explique, pero me da la impresión de que las balas obedecen a una irrefutable lógica que atraviesa los tiempos, años, los siglos, los milenios buscando a estos muertos, como si la bala ya estuviese fijada de antemano, incluso su trayectoria y su lugar porque siempre entran por detrás. Es como si las balas tuviesen algún tipo de inteligencia, de mandato, de orden, como los cuchillos esos de Borges dormidos en una estantería y que vuelven a quienes los usan instrumentos de su destino. Pasa el tiempo y las balas siempre buscan a los mismos.
Es que el mundo está llenos de balas, de traidores, de fariseos y mercaderes que pululan en los templos, en las calles, en los palacios. Es hasta triste hacer el ejercicio de calcularlo con la fría matemática: si una persona tiene seis balas en síntesis tiene la posibilidad de matar a seis personas porque una bala es una bala y no sirve para otra cosa que no sea para matar. Y antes están los que entregan a los muertos, los que negocian con los muertos y los que se llenan la boca con los muertos, necrófilos solapados e hipócritas que calculan grado a grado la ganancia que sacarán del rigor mortis.
Si los muertos tienen las mismas caras entonces es posible decir que su muerte no es azarosa, que hay muchas cosas a pesar de los tiempos y sus diferencias, incluso de sus mismos antagonismos, que los unen. La pista la da la bala. No eran personas menores, gente del montón, fueron tipos importantes dentro de su entorno, cuadros políticos, organizadores, personas analíticas, personas que trabajaban por y para los demás.
El asesinato de Mariano Ferreyra se su suma a las muertes de Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, Teresa Rodríguez, Carlos Fuentealba y Pocho Lepratti, todos ellos militantes del campo popular asesinados en distintas manifestaciones populares. Y no es casual que hayan sido ellos. Estas balas no matan a aquellos que no salen a protestar, esas balas son mensajes a todo aquel que ose mostrar las deficiencias del modelo, sea el que sea.
Como siempre pasa en estos casos, los buitres, mercaderes y fariseos se abalanzan sobre el cadáver y todo buscan réditos de la muerte, incluso aquellos que los demonizan en sus pantallas y aquellos que nunca saldrían a una marcha o a un piquete para apoyar el reclamo. Todos se pasan la bola, propios y extraños.
La manipulación del asesinato de Mariano Ferreyra llegó por momentos a dar asco. Lo peor no es de los oportunistas de siempre ni de los mercaderes de la muerte, sino hasta de los propios. Que todavía no haya detenidos por el asesinato de Mariano ya no es solamente responsabilidad de la fiscal sino también de aquellos que prefieren hablar por televisión que frente a la justicia condicionando sus declaraciones. Que el Estado no garantice la seguridad de aquellos que pueden identificar al asesino de Mariano también es lamentable porque no es ningún delirio que aquellos posibles testigos corran peligro real por sus vidas. Las patotas sindicales existieron desde siempre y los manejos espurios de los negociados gremialistas de la Unión Ferroviaria no son noticia de Último Momento. La necesidad imperiosa de libertad sindical es un reclamo que no puede seguir siendo desoído.
Dentro de todo este lío la clase política no deja de pasar vergüenza mostrándose impolutos y afectados mientras tratan de usufructuar un costo político pasándose el fardo de un lado al otro. Los periodistas muestran la hilacha en desesperadas operaciones de prensa prendiéndose en ese juego macabro. Es verdad, existe un autor material e intelectual que debe ser sentenciado pero en vez de  salir a repudiar lo primero que hicieron algunos fue salir a despegarse. El muerto que querían ahí lo tienen y tiene la cara de todos los otros muertos. Y nadie cree que esto tenga una solución.

II
No conocí a ninguno personalmente pero un militante siempre merece mi respeto esté en el lugar que esté. Sé que la mayoría de las veces las construcciones del campo popular se enfrentan con conflictos de interpretación de la realidad entre ellas que son posibles de ser saldados mediante el consenso y la discusión política bien entendida. Más allá de esas interpretaciones se que ambos compartimos algo y es el bienestar de la mayoría, de la clase trabajadora, de aquellos a los que le sobran dolores y les faltan libertades. Alguien que tiene la capacidad de defender una idea con algo más que palabras, de soñar con algo más grande que la mera cotidianeidad y continuidad de su vida merece mi más profundo respeto, sobre todo por lo que me puede enseñar.
Los otros, aquellos a lo que lo popular les provoca escozor de solo escucharlo y siempre solapan sus opiniones con argumentos políticamente correctos son los que me enervan porque en realidad ni siquiera son capaces de reconocer el lugar donde están, saben que lo que piensan es paralizante y por eso no pueden expresarlo. No puedo dejar de señalar que aquellos que lo piensan no son los que hacen sino los que votan a aquellos que dicen lo que quieren escuchar pero que en definitiva terminan perjudicándolos a la hora de tomar decisiones.
Es más una resistencia de clase que una diferencia de clase lo que se plasma porque es más cómodo sentirse dentro del statu quo que fuera de él y da mejor estar del lado del que te ahorca del que te dice que está sufriendo lo mismo que vos, total después están los políticos a los que se les puede echar la culpa.
No son mártires y no creo que ellos hayan querido serlo. Hoy se sabe bien que es mejor ofrendar la vida de una persona que su muerte aunque su muerte deje una huella difícil de olvidar. En tiempos como los que vivimos una persona viva es más útil que una persona muerta, esos que luchan por el otro y para el otro son los que valen, los demás son lastre. Me preocupa el hecho de que haya gente que no piense que mataron a uno de los suyos, que ese pibe muerto por una patota sindical pase a engrosar la lista de luchadores sociales asesinados por reclamar. Porque si te fijás bien esos muertos siempre tienen la misma cara, desde hace mucho tiempo.

Reconstruyendo a los masones de San Cristóbal


Ricardo Gutman

El Enrique está loco, sí, eso ya los sabemos todos. Pero el Enrique es un loco bueno y es bueno que existan personas con la locura de Enrique. Cuando Enrique empezó a recopilar información y datos sobre los masones en San Cristóbal me comunicaba semanalmente los progresos. Sabe, porque me conoce desde que nací, que estas cosas me interesan. Y le prometí que no iba a fallar y que iba a estar ayer miércoles en la Sociedad Italiana cuando presentase la charla sobre los Masones en Santa Fe y particularmente en San Cristóbal. 
Todo comenzó una noche, en la redacción de El Departamental, cuando recibí un mensaje de Guillermo preguntándome si habían existido masones en San Cristóbal. Le dije que iba a averiguar y cuando lo volví a encontrar mi información ya era completamente obsoleta. Para ese entonces Guillermo había conseguido los nombres de unos seis masones documentados en la logia La Forestal en San Cristóbal y una tarde de domingo empezamos a buscar registros fotográficos de simbología masona en los frentes de las casa, en los edificios públicos, algo que dijese, en concreto, que habían estado aquí. 
La pregunta era simple, si aquí habían vivido masones tendría que haber registros de un templo, alguien debía saber al menos la ubicación. Fue así que llegamos, esa misma tarde de domingo, a la casa de don Usen Arta, la memoria viva de San Cristóbal.  Si no lo sabe Don Usen es medio difícil que alguien se acuerde de algo y el hombre no nos defraudó, no sólo nos confirmó la existencia de un templo masón sino que nos dijo que el también había entrado cuando era chico y trabajaba en una distribuidora de azúcar si no me equivoco. Para ese entonces, suponíamos, habían cerrado su templo o lo habían vendido. Los recuerdos y las descripciones de don Usen coincidían con las de un templo masón, incluso algunos dibujos raros que recordaba.  Después el Guille se encontró con Enrique y la fiebre recopiladora del último no paró. Habrá pasado un año y medio por lo menos hasta el lunes pasado.
Pasado el mediodía, el lunes que pasó, 18,  el Enrique me llamó para decirme que pasase por su casa, que tenía varias cosas para mostrarme antes de la charla que estaba organizando en la Sociedad Italiana, la del pasado miércoles, sobre la Masonería en Santa Fe y en San Cristóbal. Le dije que pasaría por la tarde y así lo hice. Cuando llegué Elina Nuñez lo estaba retando. Básicamente le estaba diciendo algo lógico: ante tanta información y tanto testimonio que había conseguido lo mejor era concentrarse en el tema en sí y no irse por las ramas. La discusión duró un rato largo mientras Elina amagaba con irse y el Henry que sumaba algo más a la propuesta, que me traía jugo para que yo no fume y que bufaba por lo bajo porque encima estaba enfermo y el horno no estaba para bollos. 
Como en ese tipo de discusiones la gente suele buscar aliados no se tardó mucho en saber mi posición: Elina tenía razón, el Henry debía enfocarse y quedarse dentro de los límites del tema, más teniendo en cuenta que todavía da para investigar mucho más. El resto de la hora me la pasé leyendo el guión, leyendo algunos testimonios que el Enrique había conseguido y si algún incrédulo salía con un martes 13 en plena charla Enrique podía agarrarse, sin ir más lejos, de un recibo de pago de cuota de la logia del año 1924. Como si fuera poco parece haber conseguido, al menos de palabra, los papeles de venta del terreno donde estaba el templo masón, por Pueyrredón, a la altura de Diozque, entre el INTA y Daj, lo que daría una fecha cierta del fin  de la actividad masona en la ciudad. 
Según lo que pudo conseguir el Henry, hay registros de masones en la ciudad desde el año 1898, o sea, básicamente la ciudad desde sus inicios contó con masones y la traza urbana de nuestra ciudad podría considerarse un diseño masón. No seremos La Plata pero nuestras diagonales le rompen la cabeza a más de uno. 

Para ser sincero, debo decir que fue mucha más gente de la que esperaba. Jorge Cabrera Ibañez fue el encargado de informar los nombres de los masones en San Cristóbal, una extensa lista que sorprendió a más de uno de los presentes. La charla fue amena y muy educativa, la gente participó activamente con preguntas y si no fuera por los compromisos asumidos con anterioridad hubieran retenido a los conferenciantes hasta quien sabe qué horas. Como forma de acreditar la existencia de la Logia La Forestal llegó hasta San Cristóbal luego de mucho tiempo el estandarte que la hermandad utilizaba en sus tendidas antes de que sus cosas fueran mudadas a Santa Fe a la logia Armonía 99, presidida por Daniel Hippolito, otro de los conferenciantes en la noche del miércoles. 
Sé por boca de muchos presentes que varios quedaron con un sabor amargo porque, en definitiva, quisieran haber sabido más de los masones en San Cristóbal más allá de sus nombres. Yo también comprendo esa inquietud pero es de destacar el trabajo de Enrique a la hora de compilar todos esos documentos. 
Si lo que se busca es realizar un trabajo histórico es deber empezar a utilizar esos documentos, esas posesiones de masones sancristobalenses y tratar de ver que nos dicen. El registro de relatos orales por parte de los familiares de estos masones sancristobalenses es sumamente valioso pero se corre el riesgo de quedar en lo anecdótico. Lo que verdaderamente debe hacerse es reconstruir la cotidianeidad de estos coterráneos y ver de qué manera y en qué grado San Cristóbal tuvo influencia masónica, es decir, como vivían estos masones y como se insertaron dentro de su lugar, su influencia en las instituciones, su relación con los otros, su ideología política; su historia de vida, en fin. Hay que prevenir, a mi criterio, las generalizaciones directas y las deducciones engañosas, al fin y al cabo no son más que los que Cabrera Ibañez nombró, bajo esas vidas debe girar las reconstrucción de algo olvidado.  
Recuerdo, todavía, las primeras impresiones en esas búsquedas con el Guille, esa sensación de encontrar algo que no se sabía que existía, ese reconstruir primitivo de cierta memoria histórica de la ciudad, bañada incluso de prejuicios y de mi propia ignorancia.  Manotazos de ahogado en sus momentos, algo mucho más consistente a medida que pasó el tiempo, hoy al menos podemos recordar y afirmar que hubo masones en San Cristóbal. De allí en adelante está todo por hacer.  

21.10.10

El kiosco



Ricardo Gutman
@rickygutman

Hoy celebramos 120 años de la fundación de San Cristóbal. Pensé en escribir uno de esos textos propios de estas fechas, un poco crítico, pero decidí publicar esta foto. Quizás no se dieron cuenta pero en ese lugar había un kiosco, el del lado oeste de la pasarela. Hace unos días atrás lo demolieron y en su lugar pusieron ese coso de cemento que todavía no sé que función cumplirá.
En esa construcción, como dije había un kiosco. Yo trabajé por un tiempo considerable, año y medio, casi dos años, durante las madrugadas atendiendo el kiosco. Ese lugar es parte de mi historia, en ese lugar conocí gente, me reí mucho, tuve inconvenientes, escuché hermosos programas de radio, leí hasta el cansancio y gracias a los libros y al kiosco trabé amistad con el Puchi Cotrone, amigo entrañable desde entonces, en una situación digna de contar en otro momento.
Pero esto no tiene la intención de ser un relato melancólico y bucólico de algo que ya no está, no tiene esa intención porque ese kiosco era mucho más grande que mi historia personal dentro de él. En 120 años se han perdido muchas cosas, San Cristóbal no es un pueblo muy afecto a dejar registros, pero ese lugar, aunque no lo crean, tenía un valor histórico. Para los que recuerdan esa construcción fue uno de los tres primeros y únicos teléfonos públicos que hubo en la ciudad. La gente se reunía bajo la galería a recibir llamadas y a hacer llamadas telefónicas, por eso tenía esos asientos que muchos no entendían, porque no pudieron vivir esa época. La gente se sentaba y esperaba a que la llamasen o llamaba por ahí con fichas o cospeles. Durante mucho tiempo fue un lugar de reunión. Me imagino las parejas que se habrán armado allí.
Pero el lunes que pasó lo derrumbaron si no me equivoco y le metieron ese cemento que lo único que hace es hacer más grande el sol en una ciudad que carece de sombra. Por supuesto nadie se indignó de lo ocurrido y de un día para otro el kiosco ya no estaba más. Hoy iré a la explanada del ferrocarril y no lo veré. Por eso me pareció pertinente acordarme de él justo hoy que cumplimos 120 años de fundación como un pequeño homenaje a las cosas que hemos perdido.  

15.10.10

Honrar la historia



Ricardo Gutman


Ya está che, córtenla de una buena vez. Les pido encarecidamente que bajen un cambio. Se les está yendo la mano, están razonando fuera del recipiente. Esto no está bien. Se fueron de mambo muchachos. Todos. Los Coyas, los Patagones, los docentes y los padres también. Reconózcanlo. Cada uno lo que le toca. Esto no ocurre porque sí ni es casual. No son hechos aislados producto de una mente perversa. Lo perverso ocurre y se desarrolla cuando hay un contexto, un caldo de cultivo que lo favorece. No sé quien lo empezó, no se coman lo que ven primero. Acá pasó algo y es grave porque lo que hacen cuando lo hacen repercute y encima no es la primera vez que ocurre. Por favor bajen un cambio porque esto ya no da para más. Sin más preámbulos: la están pudriendo mal.

Coyas y Patagones es una tradición que es difícil de explicar. Si alguien viene de afuera a vivir a San Cristóbal (algo que todavía pasa) hay que explicarle que es esa costumbre de competir entre tribus deportivamente y coronarlo con una presentación teatral. Y si le decís que encima hace ya 50 años que se hace menos que menos lo pueden creer. Para el local que nunca se involucró o que fue a otra escuela media que no sea el viejo Nacional ya es una costumbre pero también es difícil de comprender el fanatismo que ello despierta en el que fue Coya y en el que fue Patagón.
Durante un tiempo la tradición fue interrumpida. Quien escribe fue testigo el día que los directivos no dejaron bautizar a los chicos de primer año y cortaron así parte de la historia. Yo estaba en quinto, en el año 1998. El bautismo nunca fue un hecho menor. Además de marcar la pertenencia a una tribu pocas veces te garroteaban tanto como antes de entrar al barro y después de salir del foso hecho una mugre, embadurnado quien sabe en que porquería que a primera vista era barro. Lo que sobraban eran mitos y leyendas sobre ese ritual. Pero no era la muerte. Después te pegabas una duchita rápida con una manguera que había por ahí (si la encontrabas) y te ibas a tu casa. Bandadas de chicos y chicas recorrían las calles de San Cristóbal en medio de uno de los últimos atardeceres de verano, con barro de pies a cabeza hasta llegar al hogar y pegarte un relajante baño de agua caliente que sacaba esa mugre que se te encarnaba en tiempo record, sobre todo en el pelo. No recuerdo que me hayan pegado tanto en mi vida como en mi bautismo. También recuerdo la emoción que tuve al recibir el gorrito Coya que confirmaba mi pertenencia a la tribu de la cual mi viejo había sido cacique. Era el año 1994. En 1999, año de egreso de mi hermano y de la mayoría de mis amigos, posterior a la cancelación del bautismo del año anterior, los chicos se disfrazaron de Coyas y Patagones en la despedida de 5to en señal de protesta porque ese año directamente ni siquiera se eligieron autoridades, menos que menos se hicieron las competencias.
No duró mucho ese impase, si no me equivoco en el 2001 la tradición fue reflotada y como todo resurgimiento lo hizo con más fuerza que antes. Yo estaba en Santa Fe por ese entonces y mi hermana me anoticiaba que Coyas y Patagones resurgía y que la gente volvía a las presentaciones. Cuando volví a San Cristóbal, unos años después,  tuve que volver a ver eso, ya más grande, ya más crítico, haciendo la cobertura para el Cacho, pero al igual que muchos me contentaba con que se volviese a hacer. Pero no sé que pasó que algo empezó a irse de cauce.    
Tengo la tendencia de preocuparme por cosas que a nadie le preocupa, por lo menos a primera vista. Algunos me acusan de tremendista, paranoico, molesto, insoportable, snob, pseudointelectual, y algunos otros epítetos que no vienen a bien nombrar. Reconozco que tengo un poco de todo pero a esta altura de las cosas no vamos a andar negociando cualidades personales con el primero que me las endilgue. Creo que lo que está pasando es preocupante y también sé que no soy el único al que le preocupa. Con eso me basta.
Ya me hice el sota el año pasado y dije lo mismo que todos, repetí las mismas frases hechas. Hasta parecía que todos estaban preocupados. Esto no es nuevo, se venía perfilando desde hace algún tiempo. Primero fue un golpe a una chica, después cualquier cosa alcanzaba para encender cualquier mechita mojada y hacer de eso un incendio. En el medio algún gil creyó que la hoja de chala era el ícono coya y no tuvo mejor idea que estamparla en las remeras. Las cargadas empezaron a subir de tono en las pintadas, el tiempo pasó y de ahí a que una tribu le rompa las cosas a la otra no pasó mucho. Y este año se volvió a repetir.
De acuerdo a mis fuentes más que acreditadas la tribu Coya está acusada de estropearle a la tribu Patagona lo hecho para la clásica presentación. Y la verdad es que es muy triste que eso pase. Una molotov es una molotov, si la dejás quieta, al aire libre, no va a explotar. El problema es que siempre existe algún pirómano que la toma y la tira y entonces en algún lado cae y se prende fuego y después tenemos que ir a apagar el incendio. Quien suscribe no es precisamente el apóstol de los matafuegos pero a esta altura ya se da cuenta cuando va a explotar una bomba y esto se veía venir.
Escribo esto a propósito de la sentada de ayer jueves en reclamo por estas situaciones. Está bien que los chicos se manifiesten y se preocupen pero una sentada no garantiza nada. Es una manifestación, sí, es una toma de posición, sí, pero si no se toman medidas, hechos concretos, es lo mismo que nada. Y si no se asumen las responsabilidades que se tienen esto no va a pasar.
Es por eso que les pido a los pibes, a toda la comunidad educativa en general pero a los pibes en particular, que bajen un cambio. Que piensen en lo que están haciendo. Haciendo estas cosas, apañando a los que las hacen, están poniendo en riesgo real la competencia, de que las suspendan porque no garantizan el más mínimo respeto hacia el otro. No sean peones de un juego macabro que beneficia a unos pocos a los que esta tradición les importa lisa y llanamente tres pitos. No les digo que no compitan con pasión, que no defiendan los colores, nunca en las competencias de Coya y Patagones se jugó a la mancha pero todos sabíamos que después teníamos que volver al curso y seguir con la vida escolar. Porque la vida sigue después de Coya y Patagones.
Compitan, pongan lo mejor de sí, no por ganar, porque ganar no es todo aunque le machaquen la cabeza con eso todo el día desde todos los lugares. Eso lo aprendí el año que me bautizaron, un año deportivamente malísimo porque los Patagones nos pegaron una paliza tremenda. La memoria me puede traicionar pero llegamos a la presentación 90 a 0. No había posibilidad alguna de ganar desde hacía rato. Igual fuimos a la presentación. El tema era el Quijote de la Mancha. Más que los puntos se jugaba el honor. Y ganamos. Y ganar una presentación no tiene precio ni puntos ni es medible en ningún sistema métrico que puedan aprender en clases. Les puedo asegurar que nadie se acuerda de lo deportivo y eso no te lo saca nadie.
Si algo tienen de positivo las competencias es que muestran lo mejor de uno. A pesar de nuestras diferencias, de nuestros problemas con los otros y de nuestras miserias que todos tenemos ponemos lo mejor de cada uno, dejamos de lado esas cosas y apostamos a ganar entre todos, al esfuerzo colectivo, a un triunfo que supera todas nuestras mezquindades. Y eso te hace crecer. Y si perdés te la bancás y analizás porque perdiste y volvés a intentarlo de nuevo pero mejor que antes porque si no entendiste que las derrotas también sirven para crecer y mejorar no entendiste nada nunca. Ese es el espíritu de Coyas y Patagones. Y es su deber mantenerlo.
La historia es eso que pasó antes que nosotros nazcamos y que todos los días hacemos y reformulamos pensando el futuro. La historia no empieza con uno muchachos, es algo que se arrastra desde tiempos inmemoriales y que sin pensarlo se arraiga en nosotros de manera inconsciente, conformándonos, haciéndonos parte de algo mucho más grande que nosotros. Ustedes son el legado, los encargados de continuar la historia, como lo fuimos nosotros y los que nos precedieron. Como legado, como depositarios de una historia muy larga, es su deber mantenerla, transmitirla y mejorarla, lograr esas cosas que nosotros no supimos hacer, proyectarlo de acá en adelante, dejando las cosas mejor que cuando las tomaron porque será muy lindo plantar postes para montar los telones pero a esta altura de los tiempos no se pueden seguir haciendo las cosas como hace 50 años. Y es su deber primordial continuar esta tradición permitiéndole a otros poder vivir lo que ustedes vivieron. Está en ustedes superar estos inconvenientes que empañan la competencia y proyectarse de acá en adelante.
Pero no es solo responsabilidad de los alumnos. A los docentes les pido que encuentren la manera de salir adelante obviando su pertenencia, que existió siempre por diferentes circunstancias, y aporten claridad a los chicos. Entrar en esta espiral no conviene a nadie y solo puede traer retrocesos. De esto sólo se puede salir para adelante, sino directamente no se sale. A los padres le pido que no permitan cualquier cosa, hay límites para todo. Pero a ustedes chicos les pido que bajen un cambio y que por favor honren la historia.

8.10.10

Las formas y el lejano oeste



Ricardo Gutman
@rickygutman


Siento la tentación de decir que San Cristóbal es único, tiene cosas que no se si pasan en otros lados pero como pasan acá no le importan a casi nadie, entonces, disculpen la redundancia, pasa. Si total. Dejamos pasar cosas, oportunidades únicas, como el desarrollo turístico. San Cristóbal tiene mucha potencialidad. Pero para hacerlo habría que hacer una mínima crítica de nuestras prácticas y realidades, modificar algunas y aceptar otras.

El turismo, esa industria sin chimeneas, puede ser nuestra salvación. Si alguna vez ocurriese la improbable oportunidad de que algún gobierno de cualquier signo me nombrase como Secretario de Turismo o algo por el estilo la primera medida sería cambiar el cartel de entrada. En vez del “Bienvenidos a San Cristóbal” instalaría uno más sincero que dijese “Bienvenidos al lejano oeste”. Un lugar inhóspito, al que nadie conoce (haga la prueba de explicarle a alguien, un rosarino de unos treinta años digamos, donde queda San Cristóbal) donde no rige la ley. Hasta la tierra en las calles tenemos. Y eso que tenemos asfalto. Podríamos venderlo como territorio virgen, un lugar donde, literalmente, está todo por hacer. Un lugar de absoluta libertad donde todo da igual. Una excelente oportunidad para inversores.
La cuestión de las formas siempre se encuentra en desventaja porque siempre el que impera es el criterio pragmático. Son pocos aquellos que dan a la forma el valor organizativo que tiene y lo que, en definitiva,  muestra de cada uno. Porque lo importante es hacer, hacer como sea, aunque sea a los ponchazos,  pero hacer. No es casual que esto ocurra, durante mucho tiempo las formas predominaron sobre la acción, mucho pedido de informe, mucha solicitud,  mucho telegrama informando la gravedad de las situaciones que han dormido el sueño de los justos en anónimos cajones y que no les ha importado a nadie. Se hacían las cosas de esa manera porque se entendía que para realizar algo había que previamente seguir unos pasos, una fe en que las cosas se hacían de cierta manera y si no no se hacían. Cuando la gente se cansó de de tanta formalidad exigió respuestas concretas, más ejecutividad. Como sea. Entonces las formas quedaron a un costado, sumamente anexas porque lo importante era, y sigue siendo, no perder tiempo.
El ejercicio del periodismo, entre otras cosas,  me ha dado la posibilidad de escuchar cosas que nunca creí escuchar. He sido testigo en este corto tiempo de furcios, contestaciones y respuestas impensables en dirigentes políticos de los que uno espera, al menos, argumentaciones lógicas y formales, de cassette si se quiere, aburridas por repetitivas, vacías de convencimiento. He escuchado, por ejemplo, que no es necesario reglamentar cierta cosa porque el municipio ya lo viene haciendo de costumbre, como si la reglamentación en la cosa pública no fuese necesaria para respetar al menos ciertos parámetros. Lo peor de todo no es eso, la banalización de lo formal bajo la idea de innecesario, lo peor es que están convencidos de que debe ser así.
En última instancia, a riesgo incluso de subestimar lo esperado, razonamientos de ese tipo pueden ser esperables en personas desapegadas de la cosa pública, de la política,  en el común de la gente que se maneja dentro de un sentido común muchas veces contradictorio pero flexible, que tiene diferentes necesidades a las de los dirigentes políticos y cuyos tiempos corren acuciados por otros problemas pero no de dirigentes políticos. Porque además hay cosas que no se deben decir si se quiere tener al menos cierto futuro en los rumbos de la política.
Un dirigente político que se precie de tal jamás va a decir algo que piensa y sabe que no está bien, como en el caso de enumerar los puntos flacos de su gestión, ni aunque le pongan una nueve milímetros en la cabeza. Lo sabe, le pesa, pero a lo sumo lo discute para adentro, evalúa cuanto puede estirar los tiempos sin que las cosas se compliquen demasiado pero jamás te va a decir que se está equivocando en lo que hace por más que se lo muestres frente a sus ojos.
Por eso las declaraciones de Aldo Possi sobre el tan mentado camión trucho incautado en Rafaela son cuanto menos desafortunadas. Tristes a mi criterio. Tristes porque muestran una manera de hacer las cosas demasiado generalizada. O sea, muestra que es común no apegarse a ciertas cosas.
No pongo en duda la probidad de Possi, no me atrevería a decir que lo que dijo lo dijo de mala fe y puedo llegar a entender que las autoridades del SAMCo hayan sido estafadas en su confianza. Puedo entender que haya sido un gato por liebre. El problema es minimizar lo ocurrido,  el problema es admitir que en realidad no se encuentran aceitados los mecanismos de controles necesarios y si esto ocurre con un camión cualquiera el riesgo de generalizar -cosa que no cuesta mucho ya que es lo primero que se suele hacer- que es lo que ocurre en otros ambientes más serios bien puede preocupar.
La importancia de esas declaraciones radica en que son las primeras hechas a un medio local sobre el tema por una persona comprometida con la institución, de ahí la importancia de las palabras. Si la estrategia hubiese sido despegarse del tema, aducir el no conocimiento del estado del vehículo en cuestión, trasladar la responsabilidad al titular de la empresa y asegurar que se tomarían las medidas necesarias para que esto no volviese a ocurrir las repercusiones se hubiese morigerado. No hubieran pasado de largo, pero se hubiesen reducido.
El problema es que no se haya reconocido el error y que quien lo dijo es una persona altamente reconocida por su labor en instituciones locales, que ha sido concejal, que preside el SAMCo, que integra la Comisión Directiva de la COPOS y que es funcionario político municipal. De lo dicho por Possi ni siquiera queda en claro si habrán sanciones para el prestador de servicios. No da lo mismo. No es igual. Respetar las formas es respetar la orgánica, seguir una reglamentación, criterios mínimos de organización y funcionamiento, si eso no se cumple hay que tomar una medida concreta que corte de raíz eso, como por ejemplo garantizar que el prestador ya no brindará el servicio por incumplimiento. Para empezar. Sino desgraciadamente voy a tener que confirmar mi hipótesis de que vivo en el lejano oeste.

5.10.10

El favor que me hicieron este sábado



Ricardo Gutman

Le dije al Tete lo que se perdió. Me dijo que te diga, Verónica, que te pedía mil disculpas. A esta altura ya el te las habrá pedido. Juro que tenía pensado hacerles este extenso comentario ese mismo domingo, lo más profesional posible pero me llegó el Pato desde Barcelona y me quedé con el amigo que hace mucho tiempo no veo. Yo sé que ustedes sabrán comprender. Ya hice la crónica de rigor, como verán, pero necesitaba hacerles este agradecimiento.

Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien. Debo felicitarlos, a todos, porque estuvo muy lindo. Nada del otro mundo, debo ser sincero, nada que no se haya hecho antes, nada de espectacularidad y snobismo, todo bien simple pero lindo. Lindo porque estaba todo ahí, vieron, latente, y nadie había tomado la responsabilidad de coordinarlo. Todos conocemos lo que hacen pero pocos se ponen las cosas al hombro y logran lo que lograron el sábado. Me sacaron de la modorra de todos los días. Me hicieron muy bien. Todos ustedes. Hay que repetirlo.
Era imposible que faltase, ya Nelva me había alertado bien tempranito en la semana, en el gremio, del evento. Después me encontró la Vero y me volvió a avisar, así que se volvió complicado que me olvide. Porque me olvido de todo últimamente. María Alejandra me dice que no es casual, que no me haga tanto problema, que me olvido de las cosas que no me importan y de las que me tengo que acordar me acuerdo. Como lo del sábado. Tiene un poco de razón pero creo que debo ir al bioquímico.
La gente suele darme entidad para cosas que no entiendo, cree que puedo hablar de ciertas cosas en las que me considero un ignorante. María Esther me encaró primera al preguntarme que le parecían sus cuadros. No me gustan esas cosas, más que nada porque me sé carente de herramientas para analizar todo arte que no contenga letras. No puedo leer un cuadro. Me dijo que le dijera mis impresiones. Le dije que me parecían medio bucólicas, medio Virgilio y que un cuadro de ella que tenía flores amarillas me gustaba mucho. Hoy entiendo que debía haberle dicho más, que debería haberle dicho que ese amarillo de las flores parecía querer salir del cuadro y pintar la sala de tanta fuerza que tenía. Pero eso lo veo hoy.
Si un cuadro puede decir algo del que lo pinta puedo decir algunas cosas. Que a la señora de Verney le encanta el agua y los ríos y las lagunas, que a la señora de Rojas le encantan los ocasos y los atardeceres y que Isabel Moraz tiene que pintar acciones. Un cuadro de ella era un hombre con la cabeza dentro de un hoyo en la tierra. Alguien dijo algo de un ñandú. Yo no dije nada pero me imaginé que ese tipo estaba mirando por atrás del cuadro o que en realidad lo importante del cuadro es lo que no está pintado, es decir, lo que está adentro del hoyo que nadie ve. O quizás simplemente lo decapitaron y cayó sin cabeza justo en un hoyo en medio de la tierra. Todo puede ser.
Después vinieron ustedes, Verónica, Ángel y Nilda, y los tuve que ver desde el trasluz rojizo de una tela que hacía de ventana porque Elina me retó y me tuve que correr porque tapaba la visión de los demás. No esperaba menos de ustedes, me saco el sombrero. El que me sorprendió fue Rodolfo, que no sabía que cantaba y menos que menos tan bien. Sabe elegir repertorios y tiene una muy buena voz. Le dije al Tete de la actuación de Rodolfo y me dijo que tenemos que grabarlo así que ya saben, cuando nos volvamos a juntar para grabar cuentos que se lleve la guitarra. En ese ínterin también saqué una fotos a un cuadro que caminaba por la exposición y comprobé que tengo muy buen gusto pero que soy un mal fotógrafo, menos mal que estaba Ivana con la cámara y ahora puedo adjuntar algo en esta crónica que intuyo ya va terminando.
Les vuelvo a agradecer a todos el buen momento que me hicieron pasar. Ahora me toca a mí pero para más adelante, después del 13 de noviembre, organizar el café literario que todavía no tiene tema aunque pienso desestructurarlo un poco como buen ratón de biblioteca que soy. Las multitudes no se agolparán a las puertas de la Biblioteca para leer poesías y cuentos pero se que ustedes estarán allí. Espero que Rodolfo vaya con la guitarra y si puede con los títeres, sólo es cuestión de coordinar agenda. Aspiro a que sea un buen momento y devolverles de esa manera el favor que me hicieron este sábado. Muchas gracias a todos y salud a la cofradía.

1.10.10

Twitter y diez más


Ricardo Gutman


Que día el #30s ¿no? El intento de golpe de Estado al Presidente ecuatoriano Rafael Correa mantuvo en vilo a la opinión pública ecuatoriana e internacional y demostró como han cambiado las cosas a la hora  a la hora de informar. Ya Eduardo Arcos en un post muy escueto pero contundente demostraba como las cosas ya no son iguales. La Presidencia de Ecuador en su cuenta de Twitter anunció el Estado de Excepción e instaló dos hashtag, el #30s y #Ecuador, que sirvieron para que los miles de usuarios de Twitter preocupados por este ataque a la democracia se mantuvieran al tanto de la situación en las calles de Quito y expresasen su apoyo al gobierno de Rafael Correa.

El papel de Twitter fue importantísimo, difícil de medir. Y agradezcamos que Twitter estuvo presente y no se colgó porque si fuera por los grandes medios nacionales todavía estaríamos repitiendo que lo que pasó fue una “rebelión policial” “una insurgencia” “una situación de máxima tensión”. Para el mediodía me pregunté porqué los medios argentinos no decían que lo que estaba sufriendo Correa era un golpe de estado y lo tuitié desde el teléfono. Al instante tuvo dos RT, por poner un ejemplo.
Últimamente paso mucho tiempo en Twitter y en TweetDeck, cliente que me permite administrar mis dos cuentas sociales al mismo tiempo. El hecho de haber conectado mis cuentas simplifica mucho las cosas, lo que posteo en Twitter sale en Facebook y si no sale (cosa que ocurre muy seguido) utilizo TweetDeck. Si es por comparar, el papel de Facebook ayer fue bastante pobre, mucho menos activo que el Twitter, decididamente mucho más pasivo y declamatorio. Si es por buscar ganadores más allá de la democracia ecuatoriana Twitter junto a Telesur y Radio ALER se llevaron todos los laureles habidos y por haber 
El día de ayer lo pasé prácticamente frente a la computadora, con algunos viajes al televisor. Los dos hagstags instalados por el gobierno de Ecuador fueron verdaderos canales de información y opinión. Miles de usuarios informando de la situación en las calles de Quito en tiempo real, cronistas tuiteros destacados como Susana Morán marcaron la diferencia entre tanta información cruzada. La cuenta en Twitter de Telesur llenaba mi timeline de una manera sorprendente. Mucha ansiedad, mucha preocupación en los miles de twitts que se agolpaban en las listas. Mi TweetDeck no dejó de sonar en todo el día. Cuando Karmen Freixa desde Barcelona linkeó el enlace de radio ALER pude estar al tanto de las noticias de manera directa vía on line. Lloré como un chico al escuchar al pueblo en las calles defender a su presidente. Me reí de aquellos que plantean la objetividad de la información al escuchar a la cronista de ALER decir que la policía “nos está tirando piedras” y que debía informarse urgente a los organismo de derechos humanos esos abusos. Esa primera persona del plural no era algo más, ese NOS marcaba el sentido de pertenencia de la periodista. No sé si eso hizo que ella esté de mi lado o yo del lado de ella, lo cierto es que me confirmó que ella y yo estábamos del mismo lado. Al igual que muchos me indigné ante la pasividad del ejército en las horas de la tarde y me pregunté un par de veces si los militares no eran cómplices pasivos como muchos tantos policías que no secuestraron a su presidente pero que se plegaron al paro dejando a la gente en manos de los delincuentes. Pude ver fotos de la situación que usuarios particulares posteaban en Flickr, simples, crudas y contundentes. Y también pude leer a miles de estúpidos que rogaban porque los uniformados tuviesen éxito.

Esa libertad de prensa
Entre los tantos miles de twitts que tuve la posibilidad de leer en el día de ayer muchos cuestionaban la decisión del gobierno ecuatoriano de declarar en cadena nacional por estado de excepción la cobertura periodística televisiva. De esa manera todas las emisoras privadas debían transmitir lo que la televisión pública ecuatoriana emitía desde sus estudios. Esa horda de “ciudadanos” preocupados por la libertad de prensa argumentaba que la información era sesgada y que, precisamente, libertad de prensa era lo que carecía. Y sí, esa información era sesgada, controlada. Chocolate por la noticia.
No se puede discutir a estas alturas de las circunstancias el papel de los mass media en la conformación de la opinión pública y en el manejo de la información. Tampoco se puede ignorar que los medios concentrados de Ecuador son opositores al gobierno de Rafael Correa. Tampoco se puede ignorar que los medios de comunicación tienen intereses económicos definidos, si se ignora todo eso se pretende tapar el sol con las manos. De la misma manera si una persona cree si ningún tipo de filtro que los grandes conglomerados mediáticos son garantes de la veracidad de la información esa persona lisa y llanamente es un ignorante.
Por eso era central controlar la información porque era información delicada. Con medios abiertamente opositores a la gestión Correa ¿qué hubiese pasado si a esas cadenas se las hubiese dejado operar tranquilamente? ¿Hace falta decirlo?
Controlar el flujo informativo era esencial porque era la que salía al exterior. La capacidad de organización de las cadenas mediáticas latinoamericanas está altamente aceitada a la hora de replicar y transmitir información. El gobierno de Rafael Correa no precisaba información que aliente la intentona golpista. Usualmente los embates y operaciones de la derecha son perfectamente coordinados por los medios masivos en complicidad con sus intereses, si en Argentina los grandes medios, que tuvieron que tragarse el hecho de retransmitir Telesur para tener alguna imagen, nunca titularon que lo que le estaban haciendo a Correa era un golpe de Estado ¿alguien cree que hubieran retransmitido la señal pública de televisión ecuatoriana?
Ya por estos pagos, la TV Pública nacional estuvo bastante carente de reacción a la hora de la cobertura. Ante tamaña situación no había mayor discusión: la programación habitual se corta y se retransmite en directo Ecuador TV y teniendo en Argentina la reunión extraordinaria de UNASUR se podría haber permitido algunos cortes para dar informes de situación y aprovechar el excelente plantel periodístico de Visión 7 Internacional para el análisis de los hechos. Pero no pasó. Punto en contra.

Repercusiones del timeline
El primer twitt que analizó de manera cruda y simple la cuestión fue el de Fernando Amato “Lo de Ecuador pasa porque no detuvimos lo de Honduras”. Y tiene razón, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, sobre todo a aquellos que están cansados de discutir nuestro pasado. Indirectamente este twitt se relaciona con las declaraciones del vicepresidente de Venezuela posteadas por Telesur de que “Estamos frente a un golpe de Estado de laboratorio del Departamento de Estado”. La verdad es que es de sospechar, una nueva modalidad se configura: insurrecciones policiales, pasividad de las fuerzas militares, alguna declaración formal de apoyo pero no mucho más, especulaciones para ver como viene la cosa. Para eso es necesario crear las condiciones. Se sabe que la CIA tiene “estrechas relaciones” con las fuerzas policiales ecuatorianas. Si a eso le sumamos la inseguridad urbana explicitada en la declaración de un policía durante la visita de Correa al cuartel de Quito de que “los delincuentes tienen más derecho que nosotros” el cóctel se empieza a configurar. Por otro lado ¿no suena conocido el argumento del policía? Creo haberlo escuchado en algún lado. Hay que cuidarse.
Entre semejante tráfico de información se colaban algunos chistes como el de palulo (no tan chistes) y Karmen  pasaba el link de de radio ALER, algunos opinaban sobre el papel de los medios como Tomás Aguerre entre otros y algunos empezábamos a desesperarnos por la inacción del ejército. Susana Morán informaba desde el campo y Telesur se posicionaba como el medio de mayor y mejor cobertura del conflicto.
Por un momento hubo confusión pero los ánimos empezaron a cambiar cuando se entró a correr el rumor del rescate del Presidente Correa. Cuando el ejército empezó a avanzar sobre el hospital militar donde tenían secuestrado al Presidente mi cabeza conspiratoria empezó a divagar, una balacera cruzada podía terminar en cualquier cosa y todos hacían la de Pilato. El cronista de Telesur te cortaba la respiración. Hubo un twitt de Diego Faur que sintetizaba todo: “Mas les vale que Correa salga ileso”.
Cuando el Presidente salió respiramos más tranquilos. Por la tele vimos caer a un policía de manera violenta, un peso muerto sobre la calle que a duras penas se movía. Un grupo de compañeros lo socorrieron. Minutos después los twitts confirmaban la muerte del uniformado. Con Correa en el balcón la historia terminaba, a pesar de todo, con un final feliz, con la gente defendiendo el palacio gubernamental. Después vino la conferencia de prensa y me gustó eso de Ni olvido ni perdón. Algunas cosas están cambiando. De a poco, pero están cambiando

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